sábado, 24 de enero de 2015

Resonancia

En algún sitio leí que si eres genial no puedes ser coherente, y la frase me acompaña ridículamente desde entonces; no tanto porque me crea genial como porque me cuesta un mundo ser coherente. Para cambiar de opinión en muchos asuntos me basta un buen discurso, un par de adverbios innecesarios, una frase pegadiza; y me refiero a temas serios: el aborto, la energía nuclear.
Ni siquiera sé qué constituye una frase pegadiza. No le veo nada meritorio a "si eres genial no puedes ser coherente" y dudo que sea cierta fuera de las guardas de los libros, pero resuena en mí de tal manera que escribo esto, diez años después de haberla leído, preguntándome si soy lo suficientemente genial para compensar mi incoherencia, si soy capaz de arrastraros subordinada a subordinada a través de frases que se desparraman hacia el final del párrafo como riadas de lava, como lenguas de hielo en la Antártida resbalando morosamente sobre la Barrera de Ross.
Qué expresión tan fea, "resuena en mí"; qué pretenciosa. Pero no se me ocurre otra manera de traducir "to resonate with", francamente. "Tener que ver" simplemente no le hace justicia, ni "identificarse con" ni "concordar". Ni siquiera "hacer eco" o "reverberar", que por lo menos remiten a ondas, traducen el efecto devastador de que una frase, o el protagonista de un libro, se sincronicen con tu modo interno de vibración y te hagan sentir validado, que te den el armazón intelectual para justificar tus defectos y los amplifiquen, y provoquen que diez años después empieces un texto con una confesión que no tiene nada que ver con lo que venías a contar, y además te  hace parecer francamente pretencioso, solamente por la posibilidad de que acabe resultando genial.
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Yo venía a hablaros de un par de frases de Colin Thubron que leí hace año y medio, con las que describía a su amigo Bruce Chatwin:
"[Era] muy obsesivo, tremendamente hablador cuando tenía una idea en la cabeza. Violentamente imaginativo más que juiciosamente erudito [...]. Ocasionalmente recibía una carta suya sin esperarla. Simplemente quería celebrar algo que le había fascinado, como si no pudiera dejar de escribir sobre ello, y no precisaba de ninguna respuesta."
La cita parece inocente a simple vista —poco pegadiza, si me permitís— pero se me clavó en la nuca con un cosquilleo y un borbotón de sangre espesa, y no he sido capaz de sacarla de la cabeza en todo este tiempo. Releyéndola ahora me doy cuenta de que "violentamente imaginativo" se parece mucho a "genial", y "juiciosamente erudito" a "coherente".
Ocurre que, a diferencia de Chatwin —al que llamaban "el nómada dorado"—, yo salgo francamente poco de mi casa; paso los días en internet, para bien o para mal, dando tumbos incoherentes. Me encuentro constantemente con las manos llenas de curiosidades (películas, textos, podcasts...) que se van a perder en el laberinto de webs que visito, fogonazos brillantes que comienzo a olvidar al hacer click en el siguiente enlace de la cadena.
Hay que ser pretencioso para pensar que os interesa lo que leo o escucho, pero llevo la cita de Thubron clavada dentro y me convenció de que a mis amigos les alegraría recibir ocasionalmente un enlace que no habían pedido a un disco que podría o no gustarles.
Ahora tengo a mi novia y a mi amiga M. abrumadas a recomendaciones, como el padre de Pahmuk(1) . Es una carga que les transmito egoístamente, sólo por sacármela de encima, aunque sé que ellas tienen que trabajar y vivir y no pueden seguir mi ritmo. Así que hemos decidido, M. y yo, comenzar un boletín de recomendaciones, con la esperanza de quedarnos sin material sobre el que escribir, de que me pueda la presión de las entregas semanales y se corte mi síndrome de Diógenes de ideas ajenas y deje de fascinarme todo siempre.
Se llamará "I wanna be your Maria Popova", y si os apuntáis aquí lo recibiréis en vuestro correo cada domingo. Yo voy a escribirlo porque no puedo dejar de hacerlo, pero no tengo claro si os lo recomiendo.

(1) Orhan Pahmuk -o su traductor, en cualquier caso- escribe en "Estambul, ciudad y recuerdos" que su padre "era un hombre abrumado de dones". Es otra frase a la que llevo años dando vueltas.

jueves, 22 de enero de 2015

Táctica

Mauro Scaloni, centrocampista fajador, estuvo en el Fabril durante nueve temporadas. No en el Dépor, donde su hermano pequeño fue convirtiéndose con el paso del tiempo en un histórico del club, sino en el filial. En 2006 el Fabril se proclamó campeón de su grupo de tercera división y Mauro aprovechó para retirarse del fútbol en alto, con 30 años y sin haber llegado a debutar.
Me gusta imaginarlo en un rincón sombrío del banquillo, recibiendo cada año una remesa nueva de juveniles, que habían crecido siendo los mejores jugadores de su barrio o de su pueblo y ahora se veían a un paso del primer equipo. Mal afeitado y en zapatillas, como un Tallón en la barra del bar. «¿Crees que sabes de fútbol, hijo? El fútbol soy yo. Ponme un cubata, que tengo mucho que explicarte».

lunes, 29 de diciembre de 2014

La herencia recibida.

Se me acaba de ocurrir que podría pegar el enlace en la entrada anterior, de manera que la novela que escribimos el 27 de diciembre aparecería publicada el 26.
En fin. Quince personas se han batido contra el Kraken y han salido victoriosos. Entre todos hemos escrito una novelita que se llama "La herencia recibida" y os está aquí.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Novela en un Día 2014

Escribo esta entrada para que podáis cotillear en los comentarios. Yo aprovecharé para ir poniendo cosas de interés general que vayan surgiendo en vuestros emails, estad pendientes de las actualizaciones.
  • Los envíos serán en torno a las nueve de la mañana, por cierto, que se me ha olvidado comentarlo en los correos de hoy.  (ACTUALIZADO 16:36)
  • Me despido por hoy con un tweet de Jorge Martínez, que hace un par de horas decidió pintarse la cara de azul y arengarnos, con grandilocuencia y estilo (ACTUALIZADO 02:47):
  • Buenos días. Estoy mandándoos los correos, pero como era de suponer han empezado a pasar cosas raras y todavía voy por el octavo. En todo caso, tardaré poco. (ACTUALIZADO 10:10)
  • Hoy por la mañana, presionado por escribir en pocos segundos la descripción de un Guardia Civil, hice que su novia trabajase en Vodafone. Me acabo de dar cuenta ahora, ocho horas y una siesta después, de que la novia de mi primo el guarda fue comercial de Vodafone. Además de eso, ayer a las tres de la mañana decidí que era aceptable, e incluso tremendamente ocurrente, escribir "que bullan las dudas y surjan las pullas". Curioso cómo funciona la cabeza  (ACTUALIZADO 17:14)
  • Ante las posibles dudas que puedan surgir sobre la línea temporal de la novela, dejadme aclarar que esta tiene lugar en un universo paralelo en el cual la Inmaculada cae a 9 de diciembre y no a 8. Lo siento mucho. (ACTUALIZADO 18:21)
  • Dejadme ponerlo otra vez, que tampoco es el momento de hacerse el listo ahora. La he cagado, pensaba que el festivo era el martes 9 en lugar del lunes 8, así que algunos tendréis capítulos en los que la gente trabaja un lunes festivo sin quejarse lo suficiente, y otros capítulos en los que la gente entra en clase el miércoles 10 y se saluda como si no se hubiesen visto desde la semana anterior. Lo siento mucho. Como cada uno habrá adaptado mi calendario equivocado al real por su cuenta, supongo que lo más fácil es que todos asumáis eso que os decía antes, que la Inmaculada es el 9, y tratéis de corregir los capítulos según están. Lo siento mucho, de verdad.  (ACTUALIZADO 18:54)
  • Exclusivamente por seguir con la metáfora de Jorge ayer: buenas noches, bravos guerreros, bien luchado y tal, pero tengo un sueño terrible. Me voy a acostar. Tendrá que servir una novela en dos días. (ACTUALIZADO 00:47)

domingo, 23 de noviembre de 2014

Escribamos una novela en un día

¿Tenéis libre el próximo 27 de diciembre? ¿Os apetece escribir un capítulo de una novela? Si es así, tengo una idea que os puede interesar.
Yo me ocupo del argumento, la estructura de la novela, de los personajes y en general del trabajo de fondo. Vosotros recibiréis un correo a las nueve de la mañana del 27 en el que os explicaré el argumento de vuestro capítulo, y todo el contexto que considere imprescincindible para que lo escribáis. Y a partir de ahí, tenéis las manos libres hasta las nueve de la noche para escribir más o menos lo que os venga en gana. Solo tenéis que preocuparos de que el capítulo comience donde os digo, acabe donde os pido, ocupe 2000 palabras como mínimo y esté enviado antes de la hora límite.
Entonces yo pegaré todos los capítulos y haré lo que sea necesario para publicar aquí la novela en formato PDF, antes de que acabe el día.
Para apuntaros, mandadme un correo a novelaenundia@yahoo.es. La fecha límite para apuntarse es el 20 de diciembre o bien cuando lleguemos a los quince voluntarios, aquello que pase primero.
Si tenéis más dudas, lo cual es razonable, porque tengo la sensación de que estoy dejando muchas cosas sin explicar, preguntadme en los comentarios.
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Y hasta aquí toda la información. Lo que ocurre es que le estoy copiando descaradamente la idea de la novela en un día a Tim Rogers, @pigfender, que lleva cinco años organizando una cosa igual en inglés, y su versión de este texto de explicación es francamente mejor que la mía. Es ilusionante e informativo y tiene citas literarias; es más profundo. Se me ha ocurrido escribiros un pequeño discurso, con citas, por no desmerecer.
Veréis, Mathew Inman tiene un cómic en el que explica por qué corre maratones, y parte de lo que dice me resulta, en medio de esta mala fiebre del running, bastante comprensible:
"¿Sabes cómo te sientes después de haber pagado todas tus facturas, de haberte puesto al día en los emails y haber limpiado la casa? Me encanta esa sensación. Aspiro a ese nirvana idílico. El problema es que no me gusta pagar las facturas, responder a correos es un engorro y odio limpiar la casa. Prefiero saltarme esa parte e ir directo a la del nirvana. Y correr es un atajo mágico para llegar a esa euforia. (...)
Recuerdo acabar mi primer maratón y sentirme inundado por un orgullo inmenso. Me sentía como si hubiese alcanzado lo imposible, como si hubiese acabado con el hambre del mundo, encontrado vida en Marte, vencido al Kraken. Pero realmente lo único que hice fue sudar y gruñir durante 42 kilómetros antes de pegarme un atracón de barritas de granola y quedarme dormido (...).
Corro largas distancias porque me hace sentirme mejor, porque me gustaría matar al Kraken, pero no me apetece levantar la espada"
Creo que os estoy ofreciendo algo como esto. Veníos el 27, escribid una novela el último sábado del año y después salid de fiesta sintiendo que habéis cumplido por 2014, que habéis mirado al Kraken a los ojos, empuñando la espada con decisión.

martes, 21 de octubre de 2014

The cage

A guy in his early twenties is walking down a winding mountain road, signaling all the cars that pass by to stop. He’s wearing a wool cap, which is useless under the rain, and some of his locks are stuck to his forehead. He looks somewhat like a dog.
A black car stops 40 meters ahead of him and, shortly after, the passenger door opens in a burst, probably because of the wind, just at the exact moment that a lightning bolt crosses the sky. The boy stops, hesitantly, but then imagines the rain soaking the car upholstery and the driver getting mad at him, so he runs to the car and gets in it. He closes the door after him and the car starts again. It is a dark night, and it is stormy.
“It wasn’t raining so much.”
“Yeah, who would’ve thought.”
The boy drops his cap in the floor of the car and looks at the driver. He’s a young man, about thirty. He sits upright and grabs the steering wheel firmly, with both hands. The top button of his shirt is undone and the tie is a bit loosened. He seems very focused on driving, he doesn’t look back at the boy even for a moment.
“At least you’re still listening to Pearl Jam; otherwise it would’ve been impossible to recognize you.”
“It’s been a long time.”
“Fifteen years, almost to the day. It’s good to see you back, you know, you’ve been missed round here. But look at you: new car, suit and tie.”
“It’s all because of the job, it’s not my fault. I knew you were going to say something about it. But I like the job, and I can live at home… I see you every day. Every morning when I go to work, and then on the evening too, walking by this road up and down as if you were waiting for me, just like that day.”
“And you just ignore me.”
“Of course I do. God, I’m sorry, but you’d do the same. I put the radio on or just try to focus on the road or just sort of look the other way. But I had to stop today, with this storm, the rain…”
“I already told you, it wasn’t raining so much that day, don’t think about it.”
The boy says this sort of offhandedly, while he looks through the window. There’s lighting outside. The man keeps driving and the music and the sound of the water lashing the windshield fill the silence. But after some time he turns off the radio and starts talking.
“You were very silent that day too. I kept thinking you were angry at me. You got in the car, threw you bag in the backseat, and then you shut up and let me drive you back home. You never told me where you were intending to go.”
“I don’t know. I was 20… I wanted, you know, to go, far away. Or maybe not even that far, I don’t know, just out of that house.”
“Yes, but why were you here, then? Why using this road, you’d never get anywhere…”
“Listen, I don’t mind if you really want to talk about it, but I don’t know, what d’you want me to say? I hadn’t figured out anything; I thought dad would use the main road, so this one'd be safer, and I didn’t really care where to go anyway, as long as they took me far enough that nobody would know us. But the only car that stopped was dad’s, of course. And it was you driving it, but it didn’t matter, because I had seen it, you know what I mean? I had realized.
“I didn’t want you to see me and neither did you, but it happened because it was supposed to, because it had to. The only fucking option was going back, and it had been that way my whole life and it was useless to try anything… And it had to be you. You know what? Since we're talking about it, yeah, I was mad. You were driving me back in dad’s car, as if you were the eldest, ‘cause he let you use it. And, you know, fair enough, right? It was you who had learned how to drive and all that, while I kept hitchhiking around, I get it.”
“God, but I didn’t want to take you home, I had no idea what to do. If you had told me 'take me to the city', or whatever, I would have. But you were so silent I just drove home because that was what I knew to do, I wasn’t really thinking.”
“I know. Listen, it’s fine. Really, I’ve known it for a long time. Don’t worry.”
The boy reaches with his hand to his brother’s shoulder, but he dodges it.
“Then why are you here? God, why are you still here? I see you every day, just yesterday I saw you reflected on the window at Fletcher’s. It was only a gaze, in the corner of my eye, but it was you, smiling like a child and taking a run up to jump against the glass… And now you’re in my car. What are you even doing here? How on Earth, and why… why are you following me?”
“Listen, don’t worry, really. I get that you needed to talk and I’m glad we’ve done this, but I’m not haunting you or anything.”
“But what does this mean then, then? Why are you in my car, in this car?”
“Because I needed a lift, that’s why. It’s really not sinister, trust me. I need you to take us somewhere… Listen, I’m going to tell you the whole story. I was hoping not to have to, but I might as well, I guess. Just don’t get scared with the kid, ok? Don’t want to have an accident.
“When I was… I don’t know, five or six, maybe, mom bought me a pet bird. It was a parakeet, a small blue one; they brought it home from Fletcher’s in a big cage that looked like the Tetris castle. It was very beautiful, I think they eventually sold it in a jumble sale; but the thing is I hated seeing the bird locked up, so when mom wasn’t home I would open the trap door of the cage and let him fly all over the room. Sometimes it would perch in your cradle and sing to you, I swear.
“But one day I opened the door and the bird flew off the corridor window, and I got out of the house and followed him to O’Donnell Park. And he stood there, on the branch of a tree, as if he was waiting for me. So I climbed to the tree and I grabbed it to take it back home. I was holding it with both hands, I don’t really know how I climbed down the tree. And it was flapping its wings, you know, poor thing, it was desperate, and I was holding it tight so it would fly away. Fuck, I didn’t know, I didn’t really know what was going on.”
“God, don’t tell me you killed the bird.”
“Mom was already there when I got home. And she was, you know, just about to get really mad at me, but she saw the bird, strangled in my hands, and I started crying. She gave me a shoe box and I told her to take me back to the park and help me bury the bird under the tree. It was stupid, you see? There and back again, it was useless.”
The driver sees through the mirror of the car a small kid who has just sat in the backseat. He is wearing a school uniform, and he looks exactly like his brother in a third grade school photo their parents used to have over the fireplace. The kid is sobbing and wiping his snot with the sleeve of his sweater. He’s got a shoe box on his lap, and when he opens it and looks inside he stops crying, and then he tilts it tentatively back and forth, and eventually reaches inside with his hand. When he pulls it out, the hand is wet with a blue, stringy sludge.
“What on Earth is that??”
“That is... that’s the bird, I think. Or like your mental image of it. It’s weird, I know, but I guess it’s the best you can do. You were really small back then.”
“That’s disgusting.”
The kid plays with his blue jelly, dipping his fingers in it and passing it from one hand to the other. He sometimes squeezes it with both hands, and gushes of it spurt out, onto the seat of the car and his uniform.
“So the thing is... I'm just filling the gaps, right? The thing is mom’s going to go through the park in twelve minutes, and the kid has to be there. She’s been avoiding it lately, did you know? Since you told her I tried to run away that day, she always remembers the bird when she passes by. Fair enough, I guess…
“So I figure mom wouldn’t be needing the kid today and thought that I could take him to the river, since all I was doing was walking up and down this road anyway. He's just a kid, he gets bored all alone in the park. But it’s started to rain, so mom’s running back home, and she's going to shortcut through O’Donnell, and we really need you to take us there.”
The kid opens the back window of the car and cleans his blue-stained fingers in the rain. Then he sticks his head out the window to get the wind in his face. The driver shrugs.
“You know, I do remember the bird, I think. A blue and white bird, it would land on my bedside table and sing to me. I’ve never made much of it, always thought it was something I’d seen on TV, or a baby’s dr-­”
Right in that moment a blue shadow flies into the car and before the man can avoid it, it smashes into the windshield, leaving a big red mark in the glass.
“What on Earth was that?!! Did you see anyone throwing us a stone, or something?”
“Nope, I guess you have just killed the bird.”
“God! But… but the glass is broken, how is that even possible?”
“Yeah, it was a hell of a bang…You’ll need to get that fixed, you know?”
Then the boy turns back in his seat and caresses the kid, who has gone back to sobbing silently, now that he has a dead bird in his shoebox. He pats his head and pinches his cheek. Outside of the car, the rain keeps falling, heavy and real and meaningless, and it washes the blood off the windshield. There's a chip in the glass, round like a cobweb.

Traduje este texto para que me dejasen participar en la Novel in a Day 2014.  
Versión en castellano de este cuento aquí.

sábado, 18 de octubre de 2014

Tres dinosaurios en el trineo (interludio expositivo)

Ciencia y aventura
La expedición del Discovery había sido organizada conjunta y muy disputadamente por dos asociaciones científicas inglesas, la Royal Society y la Royal Geographical Society (RGS en adelante), cuyas diferencias cabe suponer que no serían muy grandes, en vista de los nombres.
La Royal Society, fiel a una historia en la que habían participado por igual matemáticos, biólogos e inventores, había fijado originalmente una serie muy amplia de objetivos científicos (recogida y estudio de especímenes, análisis de la meteorología y la dinámica del hielo, establecimiento de una historia geológica, etc.), a través de los cuales pretendía estudiar en profundidad y caracterizar  las zonas de la Antártida ya conocidas, en torno a la isla de Ross. Por su parte, la RGS, con su presidente Clements Markham al frente, presionó para centrar la expedición en la exploración geográfica del continente, que por entonces era todavía un vacío en los mapas, terra incognita, hic sunt dracones.
La divergencia parece pequeña, pero es buen ejemplo del difícil equilibrio entre ciencia y aventura, entre ciencia y espectáculo: establecer como objetivo un récord de furthest South, o incluso la conquista del Polo, atraería el interés y aseguraría la financiación; pero se necesitaba también una razón legitimadora como el avance de la ciencia, el bien común.
Este conflicto se reproduce constantemente en la exploración moderna, desde que cristianizar salvajes dejó de ser una excusa admisible para lanzarse al mar. La carrera espacial(1), por ejemplo, fue un choque geopolítico de ciervos de catorce puntas que estuvo pavimentado por descubrimientos y avances tecnológicos; Thor Heyerdahl navegó en la Kon-Tiki para probar que era posible que la Polinesia hubiese sido colonizada desde América, y su viaje fue al mismo tiempo una aventura prodigiosa y un experimento científico relativamente inútil.
Estirándolo un poco más, se me ocurre que el eco de la expedición Discovery puede que llegue incluso a la inauguración del Mundial de Brasil(2). Y en el fondo es el mismo dilema que enfrentan los divulgadores o periodistas científicos, e incluso yo, modestamente: hacer artículos atractivos e interesantes, listas de 8 experimentos científicos que harán que creas en fantasmas escritas en párrafos cortos y llenos de fotografías, o bien dejarme llevar y contar todo lo que he aprendido sobre un tema que me apasiona, con notas al pie y párrafos inabordables, escribiendo entusiasmado incluso a riesgo de estar estropeando la historia.
Uno navega por esa línea como buenamente puede, haciendo dolorosas concesiones(3). De igual modo, los científicos de la Royal Society acabaron por reconocer que para hacer experimentos en la Antártida necesitarían a alguien que los llevase hasta allí, que fuese capaz de establecer un campamento, y en general que pudiese cargar pesos. Así que el comité conjunto de organización, después de nombrar jefe de la expedición al geólogo John W. Gregory, contrató por recomendación de Markham a un capitán de la Royal Navy llamado Robert Scott, al que le dieron el mando de un buque y unas instrucciones bastante condescendientes: "(T)he Captain would be instructed to give such assistance as required in dredging, tow-netting etc., to place boats where required at the disposal of the scientific staff."
Scott resultó ser un hombre muy polémico, que aprovechó las malas relaciones entre la Royal Society y la RGS para exigir el control absouto de la expedición, tanto en el barco como en tierra. Provocó la dimisión de Gregory, quien se marcharía declarando que el trabajo científico no debería estar supeditado a una aventura naval; consiguió que el Almirantazgo liberase de sus funciones a otros oficiales de la Royal Navy para que lo arropasen; finalmente estableció el código naval en todos los expedicionarios, fuese cual fuese su origen.
De los 49 hombres que finalmente viajaron en el Discovery, solo cinco eran científicos. El médico de la expedición acababa de graduarse, y el zoólogo era un chaval de 22 años. Su teórico jefe, el sustituto de Gregory, se había quedado en Sudáfrica.
Curiosamente, fue en este menguado grupo rival en el que Scott encontró a su más cercano colaborador: el médico y zoólogo Edward Wilson, un hombre paciente, optimista y diplomático, que se ganó su respeto por su buena relación con todos los oficiales y marineros.
Scott se había reservado para sí el proyecto más importante de la expedición, un viaje en dirección Sur durante el verano de 1902. Necesitaría uno o dos compañeros, y todos los miembros de la expedición deseaban aquellos puestos; podían llegar a conquistar el Polo Sur. Pero el elegido fue finalmente Wilson.
Este tuvo muchas dudas, porque viajar con Scott supondría dejar de lado sus labores de zoología; pero consideraba que la oferta era un honor que no podía rechazar, una muestra de amistad y respeto, así que finalmente aceptó.
Unos días después, una partida de exploradores fueron enviados bajo el mando del teniente Skelton a recuperar del cabo Crozier una baliza abandonada allí unos meses antes. Mientras rodeaban cabo por su ladera Sur hicieron un descubrimiento asombroso.
Solo un miembro de la expedición Discovery era capaz de entender la relevancia científica del hallazgo. Un hombre que vería aquel descubrimiento como una oportunidad única en su carrera, una posibilidad de pasar a la historia, y se pasaría diez años lamentándose de que le hubiese pillado caminando hacia el Sur con Scott, lanzado a la aventura.

 
REFERENCIAS
"El peor viaje del mundo" de Apsley Cherry-Garrard

(1) Muchos participantes en la carrera al Everest, sin embargo, esquivaron hasta donde sé la tentación de autojustificarse apelando vagamente al bien común. Se suele decir que George Mallory, por ejemplo, declaró que pretendía subir a la montaña simplemente "because it is there". Que esa frase sea una simplificación casi ridícula de lo que realmente escribió es otro asunto, claro.
(2) El saque inicial del Mundial fue realizado por un chico parapléjico que empleaba un exoesqueleto controlado por su  mente. Por participar en esta maniobra publicitaria, el doctor Miguel Nicolelis recibió financiación pública para su proyecto de investigación; por otra parte, su objetivo inicial era emplear una técnica muy avanzada (implantes cerebrales para controlar el exoesqueleto), pero las prisas lo obligaron a resignarse a otra (un gorro de electrodos) que ya se había utilizado muchas veces.
 (3) El lector curioso, si lo hubiese, puede consultar la versión en gallego del texto, en la que aprovecho para narrar con más pena que gloria la preciosa historia de la ISEE-3 y para insistir en la importancia de no crear mitologías completas alrededor de hechos aislados que los doten de significados espurios, mientras utilizo una expedición científica como ejemplo de la lucha de los medios por formar, informar y entreneter.