viernes, 4 de marzo de 2016

Sobre "The Orchid Thief"

La periodista Susan Orlean leyó en un periódico local de Florida sobre el juicio al responsable de un vivero, a quien habían detenido recolectando varias decenas de orquídeas protegidas del pantano Fakahatchee. La noticia le produjo cierta curiosidad, porque los cómplices del ladrón pertenecían a la tribu Seminola, y los indios tienen un status legal tan extraño en Estados Unidos que ni siquiera estaba claro que la ley que habían roto se les pudiese aplicar: un veredicto en el sentido contrario sentaría un precedente cuya magnitud era difícil de prever. Decidió seguir la historia, y poco después voló a Florida.
El resultado del juicio, sin embargo, no fue particularmente interesante. No se trató a fondo el asunto de los Seminolas, nadie fue a la cárcel, se estableció una prohibición de acceso al pantano, hubo algunos culpables de faltas administrativas, se pagaron algunas multas.
Meses después, Orlean publicó un reportaje sobre el caso, "Orchid Fever". El texto habla de obsesiones y de las desilusiones que las siguen, y se centra en el protagonista del robo, John Laroche, un tipo brillante y marginal que adquiere pasiones insanas, vuelca su vida en ellas de forma enfermiza, y las acaba abandonando bruscamente.
Me da la sensación, aunque qué sé yo, de que Orlean le dedicó tan específicamente su texto a Laroche para salvar un reportaje que estaba en riesgo porque el veredicto del juicio había resultado ser irrelevante; pero, al hacerlo, se vio con un montón de detalles y curiosidades que había ido acumulando con paciencia de sub-sub-bibliotecaria mientras trabajaba en el reportaje, y que se habían quedado finalmente sin sitio en el texto.
Tenía una lista de todos los robos de orquídeas que se habían producido en los últimos veinte años, y otra con las muertes de los recolectores de platas victorianos, y otra con los nombres y las formas de las orquídeas del Fakahatchee. Conocía estafas inmobiliarias, envidias, cuernos y diputas personales entre orchid men; contrabandistas, exploradores, o un jefe indio que dirigía un holding empresarial y había ganado un Grammy.
Así que, a partir de una nota breve en un periódico regional, sobre un tema tan poco atractivo como la compra-venta de orquídeas en Florida, con un caso judicial que se había desinflado mientras trabajaba en él, y después de haberle dedicado ya un texto de 6500 palabras, Susan Orlean decidió escribir un libro entero, como una nota al pie en la que poder estirar las piernas y explayarse.
The great Victorian-era orchid hunter William Arnold drowned on a collecting expedition on the Orinoco River. The orchid hunter Schroeder, a contemporary of Arnold's, fell to his death while hunting in Sierra Leone. The hunter Falkenberg was also lost, while orchid hunting in Panama. David Bowman died of dysentery in Bogotá. The hunter Klabock was murdered in Mexico. Brown was killed in Madagascar. Endres was shot dead in Rio Hacha. Gustavo Wallid died of fever in Ecuador. Digance was gunned down by locals in Brazil. Osmers vanished without a trace in Asia. The linguist and plant collector Augustus Margary survived toothache, rheumatism, pleurisy, and dysentery while sailing the Yangtzé only to be murdered when he completed his mission and traveled beyond Bhamo.
"The Orchid Thief" es como un libro de Jacinto Antón o de Cunqueiro, como "The thrilling adventures of Lovelace and Babbage", de Sydney Padua, como las notas ficticias de "Jonathan Strange & Mr. Norrell" de Susanna Clarke: una celebración de la minuciosidad y de la curiosidad del chapón de clase.
Está lleno de enumeraciones, como la de arriba, y aunque están escritas con ritmo y gracia, siempre hay más listas de las que uno anticipa, y cada una dura más de lo que se espera. En el párrafo anterior, Orlean cita a once exploradores, detallando cómo sucedieron y dónde, y enumerando listas dentro de listas todas las enfermedades que había pasado Augustus Margary antes de ser asesinado más allá de Bhamo. Opino que, a partir del cuarto caso, ya no se trata de explicar el peligro que corrían o servir otra función; simplemente se está pegando un gustazo.
El libro es un pantano: una maravilla de la naturaleza, lleno de vida, espeso de historias escondidas en la maleza, con una sorpresa a la vuelta de cada hoja; se avanza palmo a palmo, hundiéndose a cada paso en un lodo espeso de datos y nombres, con un machete en la mano y una enorme sonrisa de felicidad. 
Orchids have diverse and unflowerlike looks. One species looks just like a German shepherd dog with its tongue sticking out. One species looks like an onion. One looks like an octopus. One looks like a human nose. One looks like the kind of fancy shoes that a king might wear. One looks like Mickey Mouse. One looks like a monkey. One looks dead. One was described in the 1845 Botanical Registry as looking like "an old fashion head-dress peeping over one of those starched-high collars such as ladies wore in the days of Queen Elisabeth, or through a horse-collar decorated with gaudy ribbons". There are species that look like butterflies, bats, ladies' handbags, bees, swarms of bees, female wasps, clamshells, roots, camel hooves, squirrels, nuns dressed in their wimples and drunken old men. The genus Dracula is blackish-red and looks like a vampire bat. Polyrriza lindenii, the Fakahatchee's ghost orchid, looks like a ghost but has also been described as looking like a bandy-legged dancer, a white frog and a fairy. Many wild orchids in Florida have common names based on their looks: crooked-spur, brown, rigid, twisted, shiny-leaf, cow horn, lipped, snake, leafless beaked, rat tail, mule-ear, shadow witch, water spider, false water spider, lady tresses and false lady tresses. [...]

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