sábado, 16 de febrero de 2008

Me duele la cabeza

Son las tres de la mañana y pese a llevar cuatro horas en la cama no logro dormir. Estoy tumbado, con los brazos pegados al cuerpo, las piernas estiradas, a oscuras, y me duele mucho la cabeza.
Tengo siempre en la mesilla una botella de plástico de un litro, que relleno más o menos cada dos días con agua fresca. Me la apoyo en la frente, la dejo quieta, separo la mano, y, como se sostiene, vuelvo a colocar el brazo donde lo tenía.
Estoy, por tanto, tumbado boca arriba en la cama cuan largo soy, los brazos extendidos a lo largo del cuerpo, muy quieto, y con una botella fría apoyada en la frente, pese a lo cual no se me calma el dolor.
Ayer hice el último examen de septiembre y resultó ser un fracaso, pero como si no me importara en absoluto, hoy he ido a la Trama y me he gastado treinta euros en dos libros, dos libros cualquiera que no me van a cambiar la vida, ni me van a hacer mejor persona, ni responden a ninguna necesidad específica (ni tienen nada que ver con mi carrera, excuso mencionarlo). Me he tumbado en la cama a las once, y me he puesto a leer uno de ellos, un libro japonés, imaginaos qué lejos me queda. Y ahora me duele la cabeza.
El frío no parece surtir efecto. No me hace absolutamente nada. Giro la cabeza con la mayor violencia posible, y la botella se acaba cayendo al suelo. Pienso en la posibilidad de que ahora mismo, por el golpe, se haya movido el tapón y un reguero constante de agua esté mojando la alfombra y el piso de madera.
Me muevo en la cama, me acurruco de lado.

1 comentario:

Bartleby dijo...

Excuso decir al lector habitual de este blog que el libro japonés era "Tokyo Blues (Norwegian Wood)", el cual después de todo me cambió la vida (todo lo que haya cambiado hasta ahora, al menos).